El niño acorde
Tic tac y nace un sentimiento. Tic tac y aflora una pasión. Tic tac y brota una lágrima invisible. Tic tac se escaparon los pensamientos. Él lo notó.
Blanquita le llama el hombre música, yo prefiero el niño acorde. Da igual, en realidad es lo mismo, las dos pensamos que es como una gramola, que su filosofía no es cartesiana, platónica o aristotélica, sino MUSICAL. Esté donde esté encuentra una canción y en ella enreda su vida y las vidas de quienes le rodean. Si es feliz desea bailar; si prefiere huir cambiará de canción pero la música también le acompañará en ese sendero que elija para escabullirse del mundo. Como diría Pau "mi música y mis letras y me voy pa' otro lao'".
Sueña que escribe y canta dormido. El aburrimiento lo borra jugando a rimar. Ensancha cada día es universo sonoro que llena su vida, donde los acordes brillan por su elegancia y las palabras por su verdad. Alguien le regaló el don de la creatividad; el niño acorde convierte en arte todo lo que piensa. Es bonito leer cómo medita en sus poesías y cómo repara en cada palabra y nota que componen sus ídolos. Alguien puso en su interior la semilla de la sensibilidad haciendo del niño acorde una especie que siempre ha estado en extinción.
¿Dónde buscarle? Cerca del cielo, tumbado sobre una nube de hachís con forma de nota, pensando ideas borrosas. ¿Dónde encontrarle? En cualquier acorde...
